El Ecuador ha mostrado su peor lado durante las protestas de junio, y su imagen entre jugadores internacionales que lo habían considerado como un potencial destino de inversión se ha deteriorado. Luego de casi un mes con miles de ecuatorianos remando hacia el abismo, es momento de detenerse y remar juntos, cuesta arriba y con más fuerza. No es la primera crisis que enfrenta el Ecuador, y lamentablemente tampoco será la última. Lo importante es evitar que el resentimiento y la desconfianza impidan ver un futuro promisorio y más inclusivo. Te invito a leer mi opinión en mi columna en la Revista Forbes Ecuador.
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