Tres Escenarios, un Resultado Final

Durante las reuniones con inversionistas interesados en Ecuador y empresarios operando en el país la conversación gira fundamentalmente alrededor de la situación política actual y los resultados del proceso de destitución del presidente Guillermo Lasso. Solo entonces la discusión se mueve hacia el impacto que dicho escenario tendrá sobre la economía, las perspectivas de crecimiento, el flujo de inversión, el espacio fiscal disponible y las fuentes de financiamiento que la administración de turno deberá buscar. 

En mi opinión se puede identificar tres escenarios diferentes que llevan a un solo resultado final, con diferentes grados de deterioro económico. Desde luego habrá quienes discrepen con las alternativas presentadas, pero este es solo un ejercicio intelectual en el cual los lectores podrán asignar las probabilidad que estimen apropiadas para cada escenario. Me reservo el compartir la probabilidad que asigno a cada escenario para una discusión interna con los interesados.

Escenario 1: El proceso de juicio político en contra del presidente Guillermo Lasso continúa en la Asamblea Nacional, con el ejecutivo haciendo buen uso de su legítima defensa frente a las débiles pruebas de responsabilidad que sus acusadores presentan. Conforme se acerca la sesión del votación, el presidente Lasso se da cuenta que, pese a su inocencia y adecuada defensa, sus acusadores tienen los votos necesarios para destituirlo y lo hacen. El vicepresidente Alfredo Borrero es nombrado presidente del Ecuador para completar el período en el año 2025. El desafío no es menor pues el nuevo mandatario enfrentará crecientes presiones sociales de una población que demanda de manera urgente mayor y mejor calidad de gasto en seguridad y salud, los principales preocupación de lo ecuatorianos. Una mayor ejecución presupuestaria ayudará a calmar los ánimos y evitar protestas en las calles, y los partidos de oposición se empiezan a enfocar en las elecciones del 2025. El vicepresidente Borrero termina el período presidencial y el impacto económico se ha minimizado.

Escenario 2: Inicia de manera similar al escenario 1 pero el presidente Lasso, al ver que sus opositores tienen los votos para destituirlo, decide a último momento invocar la muerte cruzada en busca de obtener una salida “digna”, sin ceder espacios frente a una asamblea cuyo nivel de aceptación es inferior al suyo. El presidente en este escenario imagina que durante los siguientes seis meses podrá gobernar por decreto ejecutivo e implementar una serie de reformas que el país necesita. Este sería su legado luego de haber luchado doce años para alcanzar la presidencia. El problema de este escenario radica en que el anuncio de la muerte cruzada gatilla protestas violentas a nivel nacional encabezadas por movimientos indígenas y otras agrupaciones, sin contar los nunca ausentes “infiltrados”. El ejecutivo trata de contener las protestas pero estas se escapan de control, y en algún momento, ni la policía ni el ejército pueden proteger el régimen constitucional. Para evitar un final aún más sangriento el presidente dimite, siendo el Vicepresidente Borrero quien deberá tomar la presidencia hasta que se lleven a cabo las elecciones anticipadas en el último trimestre de este año. Este escenario tendría un un impacto económico y social muy importante.

Escenario 3: Inicia de manera similar a los escenarios 1 y 2, pero en este caso el presidente Lasso consigue los votos necesarios evitar su destitución. Lo considera una victoria política y piensa que lo ocurrido en la Asamblea es un reflejo del sentir en las calles. Sin embargo, similar al escenario 2, los movimientos indígenas muestran su descontento e inician crecientes protestas a nivel nacional que se vuelven cada vez más difíciles de contener En algún momento, más tempranos que tarde, y para evitar mayor derramamiento de sangre, el presidente Lasso dimite en favor de su vicepresidente como requisito inicial para establecer una tregua. Alfredo Borrero se ver forzado, al igual que en el primer escenario, a implementar una política fiscal mucho más expansiva y buscar financiamiento necesario para restablecer la calma y terminar el período presidencial en 2025. En este escenario el país confirma que es ingobernable, con un costo económico enorme no solo presente sino futuro.


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