
La existencia de tasas máximas de interés a la que pueden prestar las instituciones del sistema financiero está causando que la colocación del crédito se oriente a segmentos de consumo y microcrédito (tasas más altas), mientras el sector corporativo agoniza por falta de liquidez. El mercado de valores local tampoco es una opción pues la iliquidez también le afecta, aumentando la competencia por los limitados recursos prestables. Los bancos han sufrido un aumento de sus costos de fondeo al competir por recursos limitados con entidades del sector Financiero Popular y Solidario (cooperativas), reduciendo sus márgenes de intermediación, básicamente su única fuente de ingreso dada las restricciones en el cobro por servicios bancarios.
Esto ocurre en un momento donde la tasa de crecimiento anual de los depósitos llega al 8.3% mientras el crédito lo hace al 14%, un descalce que hace muy difícil sostener el crecimiento de los préstamos en el 2023 pues los recursos se orientarán mayoritariamente hacia el crédito de consumo. Este resultado trae secuelas adicionales, pues el aumento del crédito de consumo tiene efectos negativos sobre la balanza de pagos a través de mayores importaciones de bienes y servicios. Si bien la cuenta corriente muestra aún un superávit importante, la tendencia es claramente hacia un deterioro en el mediano plazo.
Vivimos en un mundo donde los principales bancos centrales de países desarrollados y emergentes continúan subiendo la tasa de interés en busca de enfriar la demanda, y de esa forma las presiones inflacionarias en sus economías. Los efectos para el Ecuador son limitados, pues el fondeo externo de las instituciones financieras locales es relativamente pequeño, e incluso en aquellos casos donde existen bonos temáticos colocados, estos son comprados enteramente por organismos multilaterales a tasa bajas. Seguramente si hay un efecto negativo en algunos productos bancarios, especialmente los de comercio exterior. Pero el problema no viene por allí, sino por los techos en las tasas de interés que hace que ciertos sectores no puedan ser atendidos adecuadamente.
El sector privado en Ecuador ha mostrado que siempre tiene buenas razones para esperar antes de comprometer recursos adicionales para sus negocios existentes o potenciales. Esto lo hemos visto desde la administración del presidente Lenin Moreno, pero también durante los dos años de la administración de Guillermo Lasso. Ahora que la muerte cruzada fue invocada y enfrentamos elecciones para un gobierno de transición, queda la incógnita de cuál será la respuesta de la comunidad de negocios y su demanda de crédito, o si en este punto, las elecciones presidenciales del 2025 están demasiado cerca.
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