
El Ecuador concluyó esta semana el mayor canje de deuda por naturaleza de la historia, una transacción bastante compleja, con varios jugadores involucrados, y que ha resultado en en una reducción del stock de deuda pública equivalente al 1.4% y 5,3% del total de deuda pública externa denominada en bonos.
La primera parte de la transacción arrancó a finales de abril cuando Credit Suisse hizo una oferta de recompra de los bonos soberanos con vencimientos en 2030, 2035 y 2040 por hasta $800m de valor de desembolso, incluyendo los intereses transcurridos a la fecha, con ciertos rangos de precio. Si bien el gobierno se desentendió de la transacción inicialmente, y anunció que nada tenía ver con la misma por ser esta una transacción entre privados, aceptó días más tarde su involucramiento como parte de una estrategia global de pasivos con objetivos medioambientales. La transacción cerró el 4 de mayo, y el día de pago por parte del gobierno a cambio de los bonos retirados fue 9 de mayo.
La segunda parte de la transacción se anunció el 9 de mayo, día de la compensación. Ese día el gobierno confirmó la emisión de un bono vinculado a proyectos de conservación en la reserva marina de Galápagos (bono Azul) por un valor nominal de $656 millones estructurado por Credit Suisse. La colocación del bono se usó para financiar el canje de $1.628 millones en bonos de deuda denominada en bonos por $656 millones en un crédito.
Dados los elevados rendimientos financieros a los que se negocian los bonos ecuatorianos en mercados internacionales, que exceden el 20%, el nuevo bono Azul requirió mejoras crediticias importantes para reducir el riesgo percibido por los potenciales inversionistas, y por ende sus costos de colocación. De hecho, el bono incluye un seguro de riesgo político emitido por U.S. International Development Finance Corporation (DFC) y una garantía de repago por $85 millones otorgada por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).
Según estimaciones de Credit Suisse, la conversión de deuda generará aproximadamente $323 millones para financiear programas de conservación marítima en las Islas Galápagos y su reserva extendida hasta el año 2041. Al mismo tiempo, el estado ecuatoriano generaría ahorros por menores costos financieros equivalentes a $1,126 millones.
Lecciones aprendidas:
– Reducción moderada: El Ecuador alcanzó una reducción moderada del stock de su deuda equivalente al 5,5% del total de deuda pública.
– Buen timing: El «timing» de la transacción fue apropiado pues el estado aprovechó la caída en el precio de los bonos ecuatorianos como resultado de la crisis política actual.
– No todos querían vender: Si bien el gobierno contó con $800m para recomprar bonos, el monto ofertado por los inversionistas fue menor, lo que sugiere que hay inversionistas que creen que existe potencial para una recuperación en el precio de los bonos en el corto y mediano plazo, posiblemente luego del desenlace de juicio político en la Asamblea.
– Mejora limitada en el perfil de pagos: Si bien la estructura de los bonos recomprados responde a condiciones de mercado, el alivio financiero en cuanto a servicio de la deuda en el corto y mediano plazo fue limitado. Se pudo ser más agresivo (precios más altos) para recomprar un monto mayor del bono 2030 y reducir así los pagos más urgentes para el período 2025-2030.
– ESG: El canje nos muestra que hay inversionistas en mercados internacionales que están comprometidos con la inversión sostenible y que tienen el apetito por instrumentos que, aunque ofrezcan tasas de rentabilidad menores, tienen objetivos de impacto.
– Unidad de deuda: Se ha demostrado que se puede tener un comportamiento oportunista en el manejo de la deuda, pero eso requiere de un equipo que permanentemente analice condiciones de mercado para tener un comportamiento proactivo, tanto en el mercado local como internacional. Experiencias en otros países con unidades de manejo de la deuda como el caso de Uruguay son un ejemplo a seguir
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