Imperativo Retorno a la Disciplina Fiscal

Nueva ministra de Finanzas Sariha Moya

21 abril 2025

En los meses previos a la segunda vuelta presidencial de 2025 en Ecuador, pocos cuestionaban el compromiso del presidente Daniel Noboa con la disciplina fiscal. A lo largo de 2024, su gobierno implementó una serie de reformas tributarias que incrementaron temporalmente los ingresos, aunque varias de estas medidas tienen fecha de expiración este mismo año. Paralelamente, el Ejecutivo redujo el gasto durante el segundo semestre, recortando el déficit fiscal a $3.600 millones —equivalente al 3,1% del PIB— desde un 4,9% registrado en 2023.

Gran parte del ajuste respondió a los compromisos adquiridos con el Fondo Monetario Internacional (FMI) en el marco del acuerdo vigente. Las cifras mostraban una mejora: los ingresos tributarios aumentaron un 18,2%, mientras que el crecimiento del gasto corriente se mantuvo moderado. Además se registró una reducción del 8,2% en la inversión pública, lo que evidenció la prioridad del gobierno en una consolidación fiscal de corto plazo por encima de las inversiones a largo plazo altamente deseadas.

Sin embargo, el panorama cambió a inicios de 2025. Con la reelección en el horizonte, el gobierno de Noboa desplegó una serie de transferencias monetarias focalizadas, dirigidas a grupos con peso político significativo: víctimas de desastres naturales, migrantes repatriados, policías y agricultores afectados por inundaciones. Aunque se trata de desembolsos puntuales que no incrementarán el gasto estructural, se estima que costarán alrededor de $600 millones.

Financiar este estímulo preelectoral no fue tarea fácil. El Ejecutivo recurrió al sistema financiero nacional, pidiendo a los bancos locales que adquieran bonos del Estado a corto plazo. Esta estrategia, si bien efectiva en el corto plazo, puso en evidencia las limitaciones del espacio fiscal ecuatoriano. Al cierre del primer trimestre de 2025, el déficit se amplió a $695 millones, un contraste marcado frente al superávit de $33 millones registrado en el mismo período del año anterior.

Con las elecciones ya superadas, el presidente Noboa enfrenta ahora una creciente presión para retomar la senda de la prudencia fiscal. Cumplir con las metas del acuerdo con el FMI exigirá una renovada disciplina presupuestaria y coherencia en la política económica. Esperamos que la nueva ministra de Finanzas Sariha Moya mantenga la credibilidad y el rigor técnico de algunos de sus antecesores, por ejemplo, Juan Carlos Vega y Simón Cueva, ampliamente respetados por su liderazgo y enfoque reformista. Estas cualidades resultan cruciales ante un escenario de finanzas públicas más ajustadas, una proyección de ingresos petroleros a la baja, y un cronograma de amortización de la deuda pública muy demandante.

Aunque el acuerdo con el FMI se mantiene por ahora, analistas advierten que la confianza de los inversionistas dependerá de un plan fiscal post-electoral creíble. Noboa podría estar en su punto más alto de capital político, pero las expectativas son elevadas. Empresarios y socios internacionales ya exigen acciones urgentes en seguridad, reactivación económica y generación de empleo, áreas en las que el equilibrio entre austeridad fiscal y respuesta estatal será clave.

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