Ecuador ante una Nueva Oportunidad

El presidente, Daniel Noboa, y la nueva vicepresidenta, María Pinto.

Concluido el ciclo electoral y ahora que el gobierno de Daniel Noboa consolidó una mayoría funcional en la Asamblea Nacional, la atención se desplaza hacia la capacidad de ejecución en materia de gobernabilidad y reformas. La campaña electoral aportó escasos elementos concretos en términos de política pública, dominada principalmente por un discurso de confrontación política. La etapa de transición —y en particular, el día de la posesión presidencial— representa una ventana crítica para definir un marco de políticas coherente, que incluya prioridades en materia fiscal, seguridad, crecimiento económico y reforma institucional.

Los primeros 18 meses de gestión han evidenciado debilidades estructurales en liderazgo y coordinación. Los frecuentes cambios de gabinete y nombramientos temporales reflejan la fragilidad de la base política de Noboa. Aunque cierta turbulencia inicial es esperable —dado el limitado bagaje político del presidente y la naturaleza incipiente de su movimiento—, el gobierno se enfrenta ahora a un umbral de credibilidad. La conformación de un gabinete tecnocrático y multipartidista será esencial para estabilizar la formulación de políticas y proyectar madurez institucional.

El silencio del presidente Noboa tras la elección en cuanto a la orientación política de su gobierno ha generado cierta incertidumbre. Interpretar erróneamente el 55% obtenido en la segunda vuelta como un mandato —en lugar de un rechazo al correísmo— podría resultar costoso. Sin un período de “luna de miel”, las expectativas de resultados rápidos son elevadas. En ausencia de avances tangibles, la inestabilidad política podría resurgir.

La propuesta de convocar una asamblea constituyente agrega una nueva capa de incertidumbre. Sin un mandato claro, ni cronograma definido ni un proceso establecido, existe el riesgo de replicar la disfunción legislativa del pasado mientras se incrementa la incertidumbre macroeconómica. Expertos legales sostienen que las reformas constitucionales podrían procesarse a través de los canales institucionales existentes, evitando así su elevado costo de organización y una potencial fragmentación política, como se evidenció en el fallido proceso constituyente chileno.

De cara al futuro, las posibilidades de un segundo mandato exitoso para Noboa dependerán de su capacidad para restablecer la confianza de consumidores e inversionistas. En este sentido, resulta alentador que el presidente haya iniciado contactos con inversores en su larga gira internacional acompañado de una amplia delegación empresarial. En 2024, Ecuador captó apenas $232 millones en inversión extranjera directa —su nivel más bajo desde 2010. El acercamiento se ha dado también con empresarios locales en los últimos días para discutir la agenda económica de los próximos cuatro años. Ahora, esos esfuerzos deben traducirse en acuerdos concretos, más allá de logros mediáticos.


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