
El dólar estadounidense, considerado la moneda más importante del mundo y la reserva de valor por excelencia, ha experimentado una notable depreciación, cayendo un 9% frente a otras seis divisas desde principios de año. Esta situación refleja una erosión significativa de la credibilidad y la confianza en la economía americana, quizás no vista desde los años 70. Siendo la divisa más utilizada en el comercio mundial, esta caída genera preocupación e incertidumbre, impactando no solo a Estados Unidos sino a todo el mundo.
Una de las principales razones detrás de esta pérdida de valor radica en las políticas implementadas por la actual administración de Estados Unidos. Por un lado, se busca un dólar más débil para impulsar las exportaciones y reducir el déficit comercial, imponiendo aranceles recíprocos con el objetivo de equilibrar la balanza entre importaciones y exportaciones. Paradójicamente, la administración también desea un dólar fuerte que mantenga su estatus como la moneda de reserva, un equilibrio difícil de lograr.
Los mercados han reaccionado negativamente. La presión constante del presidente Trump sobre la Reserva Federal para que bajara los tipos de interés, llegando incluso a amenazar con despedir a su presidente, Jerome Powell, ha asustado a los inversionistas que temen una potencial falta de independencia de la Reserva Federal en un futuro muy cercano. Esta percepción socava la fiabilidad y previsibilidad del dólar.
La incertidumbre también proviene de la política fiscal y el monto creciente de deuda pública que han reactivado la tensión en el mercado de bonos. Por un lado, los intereses de la deuda estadounidense están subiendo tras la rebaja en la calificación de riesgo soberano de parte de Moody’s Ratings , la última de las tres principales calificadoras de riesgo internacional que aún le daba a Estados Unidos la máxima nota. Por otro lado, el plan fiscal de Trump, conocido como «una gran y hermosa ley» aumentaría el déficit presupuestario y la deuda. Como resultado el bono a 30 años superó ya el 5% de interés por el miedo a que Estados Unidos se esté endeudando demasiado en un momento de crecimiento económico desacelerado y con la necesidad de pedir prestado a tasas más altas.
Para el Ecuador, un dólar más débil tiene dos implicaciones de comercio exterior. Un dólar débil podría impulsar nuestras exportaciones al hacer nuestros productos más baratos en el extranjero, mientras al mismo tiempo encarecería las importaciones, para un mejor resultado comercial. Esto coincide con un momento donde las cuentas externas del país han alcanzado nuevos récords, pero pueden verse afectadas por menores remesas internacionales, menor demanda global, y una caída en el precio del crudo.
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